Este espasmo es desencadenado por una irritación de algún nervio, como el nervio vago o el nervio frénico, o de parte del cerebro que controla los músculos respiratorios, que puede suceder por diversos motivos, como: Dilatación del estómago por exceso de comida o bebidas gaseosas; Consumo de bebidas alcohólicas; Trastornos gastrointestinales, como reflujo gastroesofágico, Alteraciones de los electrolitos de la sangre, como falta de calcio, potasio o sodio; Insuficiencia renal, que causa exceso de urea en la sangre; Disminución del CO2 en el torrente sanguíneo, por respiración acelerada; Infecciones, como gastroenteritis o neumonías; Inflamaciones respiratorias o abdominales, como bronquitis, esofagitis, pericarditis, colecistitis, hepatitis o enfermedades inflamatorias intestinal; Cirugías en la región del tórax o del abdomen; Enfermedades cerebrales, como el cáncer, la esclerosis múltiple o la meningitis, por ejemplo.