Los flujos amarillentos, marrón, verdoso, blanco o oscuro durante el embarazo pueden perjudicar al bebé si no se tratan adecuadamente. Esto es porque pueden llevar a la ruptura prematuro de las membranas, parto prematuro, bajo peso al nacer e incluso alguna infección en el bebé. Los flujos son causados por microorganismos que pueblan la flora vaginal y, con el paso del tiempo, llegan a su interior, afectando negativamente al bebé, siendo potencialmente peligroso.